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IMG_3963El poeda inglés William Wordsworth  (17701850) decía del tejo en uno de sus poemas: “ser viviente, creció tan lento que morir no puede”. La evidencia nos enseña una realidad diferente. La afirmación no es correcta más que en un cincuenta por cien.

Aunque podríamos buscar otros ejemplos, voy a utilizar el del tejo del Puerto de Canencia, que he vuelto a visitar recientemente.

Este tejo es uno de los pocos ejemplares que sobreviven en libertad en la popular sierra de madrileña. Y como en otros muchos casos ha tenido la infausta suerte de hacerse famoso.

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Su accesibilidad y el “cariño mortal” que quieren mostrarle los visitantes está resultando fatal. La lamentable costumbre de acercarse a su tronco para tocarlo, abrazarlo, besarlo, hacerse fotos, etc., conlleva un exceso de compactación del suelo e incluso daña directamente las raíces que se encuentran en la superficie o cercanas a ella y está acabando con este muchas veces centenario ser vivo.

Otras veces nos hemos preguntado por qué está vivo. Por qué razón ha conseguido alcanzar tal edad. Quien o quienes decidieron que no corriera la misma suerte que otros congéneres y viviera hasta el momento actual. Da igual, estas preguntas y otras muchas ahora no tienen importancia. Ahora lo importante es cambiar completamente nuestra actitud hacia él. Dejarle en paz.

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Necesita urgentemente nuestra ayuda. La de todos. Y también la de las instituciones oficiales que, de momento, lo ignoran: Ayuntamiento de Canencia, principal responsable y beneficiario de este paraje extraordinario y Comunidad de Madrid, que lo ha catalogado como árbol singular y merecedor de protección.

El tejo del puerto de Canencia necesita urgentemente un plan de protección. Si todo continua como hasta ahora, lamentablemente, tendremos que modificar la frase de Wordsworth  y afirmar que el tejo es un ser viviente que crece tan despacio que morir no puede, mientras permanezca separado de los seres humanos.

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