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 Picea smithiana

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Entre la Puerta de Murillo del Museo del Prado y la puerta de entrada al Jardín botánico se encuentran algunos ejemplares de árboles extraordinarios. En otro lugar de este blog se habla del cedro, del almez y del abeto que acompañan a la picea del Himalaya a la que aquí se hace referencia. Cierran el grupo dos brillantes magnolios.

Es un árbol originario de una extensa zona que abarca desde Afghanistan hasta el Tibet, Norte de la India, Cachemira y Nepal. Puede vivir de 2000 a 3700 m de altitud. En Europa se  introdujo por primera vez en Escocia en 1818, con semillas procedentes de la India, y desde allí al Continente.

Su madera se ha empleado en construcción y en la fabricación de muebles. Es un árbol que tiene interés por el gran valor ornamental de sus ramas colgantes y adquiere su mayor prestancia situándolo aisladamente.

Picea procede del vocablo latino pix, brea, nombre dado por los romanos a un pino que producía esta sustancia. Está dedicado al botánico británico Sir Edward James Smith (1759-1828), primer presidente de la Sociedad Linneana dedicada al fomento de las ciencias naturales y jardinero de Hopetown en Ciudad del Cabo. Las gotas de resina que rezuman las piñas jóvenes o la corteza, se asemejan a la miel y se denominan morinda, que en un dialecto del Himalaya significa miel de flores o gota de néctar, por eso también se la conoce como Picea morinda. El nombre común se basa en su denominación genérica y alude a su origen  geográfico.

Este ejemplar está protegido por Decreto de la Comunidad de Madrid desde 1992 y catalogado como Árbol Singular.

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