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En el Parterre del Retiro no hay mucha variedad de especies: el famoso Ahuehuete, un par de cedros muy vistosos, un fantástico magnolio, varios cipreses moldeados por el ser humano hasta hacerlos irreconocibles y, el resto, arbustos y setos.

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Un típico parque francés.

Si nos fijamos un poco más detenidamente en estos últimos, podemos ver que se trata de laureles, aligustres y bojs. Todos ellos cortados y recortados hasta obligarles a la geométrica apariencia que ahora tienen. Sus formas rectangulares, esféricas y cilíndricas distan mucho de su apariencia real en estado natural, pero… es lo que hay.

AHUEHUETE

AHUEHUETE

SETOS DE LAUREL

SETOS DE LAUREL

ALIGUSTRE

ALIGUSTRE

EL PARTERRE DEL RETIRO

En el reinado de Felipe V (1700-1746) se proyectó una profunda reforma del Buen Retiro con el fin de convertirlo en un Real Sitio a la francesa. El monarca encargó el diseño a Robert de Cotte, arquitecto de su abuelo Luis XIV. De aquel ambicioso proyecto tan solo se ejecutó el Parterre que hoy en día aún podemos contemplar aunque muy reformado.

Situado en eje con el Casón se levanta sobre el antiguo jardín de las Ocho Calles creado en el siglo XVII. El Ochavado estaba formado por ocho calles cubiertas de enramados a modo de galerías abovedadas que partiendo de los extremos del recinto se cruzaban en una pequeña plazoleta circular.

El Parterre es un jardín llano, su trazado tiene planta basilical con un cuerpo central prolongado en un ábside y dos laterales que contiene dos estanques, de los cuales el situado al norte existían ya en el plano de Madrid dibujado por Texeira en 1656. Decorado a basa de complicados arabescos, tenía el aspecto de un tapiz bordado.

A mediados del siglo XIX el Parterre se encontraba en un avanzado estado de deterioro. Francisco Viet, jardinero mayor de los jardines del Campo del Moro, dirigió la reforma. El trazado fundamental no cambiaría, se construyó en la cabecera de un muro de contención de ladrillo rematado con un antepecho de hierro, formándose un mirador. En este muro se colocaron varias fuentes, una central de ladrillo y piedra de Colmenar y dos laterales de alabastro. Los cuadros de plantación se decoraron con setos recortados y flores en su interior.

El parterre fue remodelado nuevamente tras la guerra civil. Bajo la dirección de Herrero Palacios se introdujeron cambios aunque manteniendo su regularidad con parterres finos y setos bajos de boj, césped en su interior y algunos laureles y aligustres recortados.

En 1922 se colocó a la entrada de parterre, frente al Casón, la Puerta de Mariana de Neoburgo, llamada en la actualidad del Ángel o de Felipe IV. Esta puerta fue erigida en 1690 con motivo de la entrada en la corte de la futura esposa de Carlos II estando emplazada entre el Monasterio de los Jerónimos y el Museo del Prado hasta el momento de su traslado.

El predominio de la horizontalidad que presenta el jardín se rompe con varios hitos verticales; la escultura al dramaturgo D. Jacinto Benavente que sustituye al monumento a Daoíz y Velarde, actualmente emplazado en la plaza del Dos de Mayo; la estatua de D. Jacinto Benavente (padre) y el busto en memoria del Doctor Pulido. Los árboles refuerzan la verticalidad de estos hitos. Entre los árboles el más valioso es el Ciprés Calvo taxodium mucronatum que se alzaba ya en este real Sitio en el siglo XVII.

A lo largo de su historia el Parterre ha sido escenario de acontecimientos diversos. El día 12 de agosto de 1792 el capitán Vicente Lunardi a bordo de un globo aerostático se elevó sobre el cielo de Madrid desde el Parterre. La hazaña del capitán levantó gran expectación entre los madrileños, quedando perpetuado en numerosos grabados de la época.

(Texto del cartel del jardín)

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