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CUPRESSUS SEMPERVIRENS

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Su nombre específico, Cupressus, es uno de los latinos del ciprés, derivado según algunos del griego kypros: Chipre, donde crece abundantemente esta planta y según otros de kyparissos, hijos de Telefo transformado por Apolo en ciprés.

El ciprés puede vivir más de 500 años, citándose casos de ejemplares que superan el milenio. Las hojas están reducidas a pequeñas escamitas dispuestas de tal modo que parecen formar cuatro filas cubriéndose unas a otras como piezas de un tejado.

Su madera es aromática, desprendiendo un olor parecido al del cedro. Es resistente y fácil de trabajar, casi imputrescible aun estando sumergida, por lo que se ha utilizado tradicionalmente en la construcción naval.

En la actualidad es muy apreciado en carpintería, ebanistería y tornería. Las piñas o nueces de ciprés poseen mucho tanino, por lo que se han usado en medicina popular para detener todo tipo de flujos y como vasoconstrictor en las varices. Su esencia echada en agua hirviendo produce vapores que mitigan la tos convulsiva.

Se ha cultivado para formar setos protectores contra el viento, para repoblar o como planta ornamental. Soporta bien la poda. Aguanta bien la sequía y la contaminación. La costumbre de plantarlo en cementerios lo ha convertido en un árbol sombrío y fúnebre.

Existen varios ejemplares de buen porte dentro de la Quinta de la Fuente del Berro.

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